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Cuaderno Ziplock. 17 de mayo

por Claudio Molinari Dassatti/// Hoy mientras me chupaba la manga, se me ocurrió que debía explicar algunas cosas. El devenir de la moda actual es una de ellas. Porque, según se dice, la moda es cultura. El chándal, queridas generaciones venideras, ha pasado a ser el uniforme oficial de esta cosa en la que vivimos. ¿Qué es esto en lo que vivimos? ¿Un país? ¿Una tribu? ¿Una favela? Ni idea. La verdad, no sé ni qué nombre ponerle. Así que lo voy a llamar ‘Esto’, sin más. Pero con mayúscula. Y es importante saber, queridas generaciones venideras (los escritores siempre nos dirigimos a alguien imaginario y no hay nada más imaginario que una generación venidera), les decía, que hubo un Antes de Esto y, si hay suerte, también habrá un Después de Esto. Como con Cristo.

El chándal, retomo, es nuestro uniforme oficial. Un conjunto realmente ideal: nunca se desgarra porque es de puro poliéster y el pantalón no necesita botones. Y si se te cae dejándote el trasero al aire, pues te atas un hilo a la cintura y ya está. Los que sí tienen ropa con botones son los ricos, los del centro. Y está claro que es porque también tienen hilo y agujas. Si quieren hacerse una idea de la tecnología que hace falta para fabricar una aguja, recuerden las agujas prehistóricas hechas de hueso, que en vez de hilo usaban un jirón de tripa seca. Nada de microcirugía cerebral en aquellos años. Y lo cierto es que ahora tampoco. Si mañana me llego a rebanar con un vidrio me desangraré como un cerdo y los demás se pelearán para juntar mi sangre en latas y hacer morcillas.

Y que quede claro: si usamos chándal es porque pertenecemos a la burguesía. La burguesía de Esto. No llegamos a ser tan ricos como los del centro, pero se nos da bien el comercio. Los pobres tienen que hacerse la ropa con los pedazos de tela que les van quitando a las osamentas. Ahora resulta más cierto que nunca aquello de que ‘la arruga es bella’. Y la mugre y el olor, supongo,también deben de ser bellos. O sea, los pobres tienen un aspecto, cómo decirlo… medieval.

‘Medieval’ es una palabra que surge a menudo en nuestras conversaciones de refugio. Sólo que ya no resulta despectiva como AdE, sino que es un término de ‘tendencia’. Como lo eran el look hipster o el poligonero. Todo el rato se oyen este tipo de conversaciones:

-¿Cómo estás?
-Muy bien.
-¿Comiste?
-La semana pasada.
-Me alegro. Oye, que look más medieval.
-¿Te gusta?
-Perrísimo.
-Es como un camuflado…
-…pero de residuos.
-Fantástico.

Cuando pienso en la palabra ‘medieval’ me pongo de mal humor. Me acuerdo que los telediarios la usaban para burlarse de los talibanes. Esos tipos barbudos y polvorientos tenían camionetas Toyota, teléfonos, harina, cabras. Tenían drogas para paliar el dolor y Kalashnikovs para producir dolor. Esos talibanes lo tenían todo.

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