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la triste longevidad

por Marisol Oviaño

Fotografía en contexto original: cadadiaesunregalo

(Ver diálogo anterior )

El otro día me llamó, “ya no tengo nada que leer”.
Yo sabía de sobra que era una excusa como otra cualquiera para que me pasara por su casa. Todos necesitamos alguien a quien poder mostrar nuestro lado más oscuro, y cuando se tienen más de ochenta años y una lesión te mantiene encerrado en casa, no resulta fácil encontrar con quien.

– Bueno, cuando cierre me paso a verte.

Cogí un par de libros de la trinchera, cerré un cuarto de hora antes de las nueve y di un paseo hasta su casa. Ella tiene un hijo que la quiere y que se preocupa por ella, y mientras ha estado escayolada ha vivido en su casa. Y como él vive aquí al lado, en cuanto le quitaron la escayola y le dieron permiso para moverse con un andador, accedió a que volviera a su entorno, con sus cosas. Él está en el lado luminoso. En el oscuro, sólo estoy yo.

En cuanto me abrió la puerta, nos dimos un abrazo que ella estaba necesitando con urgencia. Cada día la siento más frágil entre mis brazos. Ni siquiera se molestó en mirar los libros, como si hubiera olvidado con qué argucia me había hecho llegar allí. Sobre la mesa había un vaso con cerveza, e intuí que no era la primera.

– Cógete una de la nevera –invitó.
En el frigo sólo había cocacolas, cervezas y una botella de agua fría. Le he dicho cientos de veces que debería descubrir el placer de cocinar, pero nadie puede convencer a una feminista de la cuarta edad de que cocinar no es un acto de sumisión al hombre, sino de amor. Y, como no cocina, se mantiene a base de barritas de biomanán que le trae su hijo de la farmacia .

– ¿Estás bebiendo? –pregunté cuando regresé al salón, sin que en mi voz hubiera ningún reproche.
– Bebiendo y durmiendo a todas horas –asintió con la cabeza.
– Bueno, tú eres de mucho dormir.
– Sí, pero ahora estoy tomando tranquimazín, para dormir todavía más –dijo encendiendo un cigarro-. Duermo, fumo y bebo. No aguanto más esta puta vida de mierda.
Saqué mi bolsa del tabaco y me puse a liar un cigarrillo. Sabía lo que quería de mí.
– Creo que ha llegado el momento del que tanto hemos hablado…
Calló como si esperara que yo le acabara la frase, pero fingí estar muy liada en la tarea de cerrar el papelillo sobre las hebras de tabaco. Yo no quería poner palabras a lo que las dos pensábamos
– Que esta lesión es el principio del fin de la independencia. Mañana me caeré por las escaleras, o en la bañera, o dando un paseo. Y, como tengo salud, tendré que vivir diez o quince años esperando que alguien venga a limpiarme el culo.
– Y ¿qué has pensado?
– Lo que te dije: matarme. Lo malo es que no encuentro la manera. No tengo pistola… -me miró como si esperara que yo le dijera que no había problema, que yo le conseguiría una-, ahorcarme me espanta, y dicen que cuando te cortas las venas, te lo haces todo encima… es muy desagradable para los que te tienen que sacar de la bañera.
– ¿No decías que tú eres médico y sabías qué pastillas te tenías que tomar?
– Sí, pero con las pastillas vomitas, te da tiempo a arrepentirte y acabas llamando a urgencias.
– ¿Pensabas que ibas a encontrar una manera agradable de quitarte la vida?
– Morfina, necesito morfina –dijo mirándome otra vez como si esperara que yo le dijera “no problem, dame la pasta y yo te la consigo”.
– ¿Y no puedes hacerte una receta?
– Ya no.
– Lástima que vivas en un chalet. Si vivieras en el piso duodécimo podrías tirarte por la ventana.
– Huy, no. El cuerpo quedaría hecho una papilla.
– Entonces ¿qué te parece si esperamos a ver qué te dice el traumatólogo el lunes? Porque lo mismo te dice que puedes empezar a caminar sin andador.
– Eso me daría la vida.

Cuando salí de allí, las dos sabíamos que sólo habíamos ganado un poco de tiempo.

Una respuesta a «la triste longevidad»

Que curioso.
A veces nos cambia radicalmente la perspectiva acerca de las cosas en particular y de la vida en general en cuestión de meses, o de días, o de segundos…
Crecer es sorprenderte a ti mismo haciendo cosas que dijiste que nunca harías, creo que es positivo e incluso necesario, a mi personalmente me encanta. Creo que en ese sentido nunca acabaríamos de crecer.

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