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Ion Bârlădeanu, el artista que surgió de la basura

por Robert Lozinski
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El hombre se afeita. Es posible que el agua caliente le parezca un lujo excesivo. Se pone el sombrero. Ya está listo para descubrir el mundo.O para que el mundo le descubra a él, un artista que surgió de la basura. Mírenle con atención. ¿Les suena este rostro? A mí tampoco me habría sonado hace un mes, antes de que saliera la noticia. Andrajoso y con un físico muy expresivo bajo la gorra, me recuerda a Anthony Quinn en “La strada” de Fellini. En Bucarest fue un vagabundo, un tirado, un mendigo, un hijo de la nada, un pobre diablo, como él mismo se define.

Sin embargo se trata de un genial artista. ¡Aún quedan, oigan! Reconocido como tal en Londres y París. En la capital británica sus trabajos se exponen al lado de obras de Marcel Duchamp o Andy Warhol.
Pasó los últimos 25 años malviviendo entre cubos de basura. Se alimentaba de los restos que le echaban las personas civilizadas, se defendía como podía de las ratas y para matar el rato hacía collages. Pegaba sobre un lienzo lo que iba recortando de los diarios y al final le salía, no lo van a creer, una obra de arte. Pero una obra con estilo, tocada por la varita mágica de un artista con talento. Iba guardando sus cuadros en una maleta que había encontrado tirada por ahí. De ésas con esquinas metálicas, como las de las películas de épocas remotas.

Vivió sin darse demasiada prisa.
No miraba el tiempo, sino las páginas de periódicos y revistas que le iban llegando por el tobogán de la basura. Sus blancos predilectos han sido y siguen siendo los políticos.

– Si alguien pudiera ver lo que haces- le dijo una vez un familiar suyo.
– A mí me gustan. Pero muchos tienen que ver con Cheaushescu. Podría ir a la cárcel por eso. Son para mentes iluminadas.

Ion Bârlădeanu no los llama “collages” sino “películas”. Las está grabando él mismo. Es el director, el guionista, el cámara. Pone caras de actores, jetas de políticos, un par de bestias de carga, arriba unos aviones –para llenar el paisaje, dice Ion B.- y en la tierra algo de hierba. Y listo.
Nos habla de lo que hace con ironía y amor. Cuando dos años atrás le propusieron mostrar sus trabajos en una galería, se negó. Amenazó incluso con quemarlos.

– Mi escuela es la vida- declaró Ion B. en la entrevista ( The World according tu Ion B. –HBO Rumania, Iulia Blaga HotNews.ro)

Y es rigurosamente cierto. Trabajó en el puerto, cavó hoyos para los muertos, desenterró cadáveres, estuvo en la cárcel, fue chatarrero, grabó con el cincel los nombres de los difuntos en cruces de piedra.

– ¿Ve? Fui también escritor un poco.

Ríe.
Hablar de dinero no le parece interesante.
Nunca conoció a ningún artista ni vio un dibujo. Su talento es tan sólido que, con unas tijeras y un poco de pegamento, es capaz de montar sobre un pedazo de cartón un desfile de personajes como en las películas.
En 2010 Ion Bârlădeanu va a cumplir 64 años.
Dice que es feliz y que vivir así mereció la pena. Que no quiere hacerse rico. Que sólo quiere mostrar al mundo entero la otra cara de la miseria.

[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=oMAidt6Wu8Q&feature=related [/youtube]

Si quieres ver más obra de: Ion Bârlădeanu: hartgallery

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Robert Lozinski es autor de La ruleta chechena

0 respuestas a «Ion Bârlădeanu, el artista que surgió de la basura»

He visto el enlace y su obra es muy potente, y aporta una visión pop del socialismo que es doblemente impactante.

En cuanto a su forma de vida, no seré yo el que frivolice con la miseria, pero un artista -y más un artista plástico- necesita soledad y ensimismamiento, lo que parece que este hombre ha tenido de sobra.
Recuerda cómo malvivía Bacon -siendo millonario- entre basura en su piso de Madrid.

En cualquier caso, una bonita historia de Cenicienta contemporánea. Veremos si una vez que pase la novedad y le saquen en los todos medios -aprovechándose de la percha de su historia para rellenar páginas y minutos-, siguen contando con él en las galerías y no vuelve al callejón, como Segismundo.

Ayer estuve en casa de una amigo músico, cenando con otros músicos.
Y todos estuvimos de acuerdo en que el verdadero artista no trabaja por amor al dinero, sino porque siente la necesidad de expresarse.
Cuando comenté que Lozinski me había mandado este artículo y que lo colgaría hoy, alguien planteó que podría darse la circunstancia que toda la historia sólo fuera un truco de marketing, y yo me eché a reir: entonces el diseñador de la campaña sería, igualmente, un artista muy creativo.

A mí también me ha impresionado la obra de este hombre.
Y me ha levantado la moral, que andaba un poco por los suelos: mientras hay vida hay esperenza, lo importante es no dejar de luchar.

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