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El guru y otras hierbas, 20

por Tímido Celador

El paciente de la 346 ha ido a hacerse unos análisis, su habitación está vacía.
Y Charlie no vendrá por aquí, no sabe que ha venido la Sacerdotisa: su nombre no está en el libro de visitas.
Siento tanta vergüenza de mí mismo, que me santiguo mecánicamente antes de poner el ojo en el agujero de la pared.
Había esperado encontrarme a la Sacerdotisa cabalgando salvaje y desatada sobre el viejo Guru, pero los dos están sentados en el rincón de pensar. Parecen cucharitas en un cubertero, la espalda de ella apoyada en el pecho de él, que sigue hablando mientras ella fuma y escucha. Nunca había visto al Guru tan relajado con una mujer, y el hecho de que ella ni siquiera necesite mirarle a la cara, me da a entender que se conocen mucho. Él sigue con su perorata, aunque sus manos no están quietas: empieza por peinarle el pelo con los dedos y continúa masajeándole los hombros y los brazos. Y ella se deja hacer. Así, abandonada a sus manos y sus palabras, no parece una mujer peligrosa.

Pero oigo que el ascensor se detiene en esta planta. Me bajo del váter de un salto, me pongo los zuecos y salgo de aquí como alma que lleva el diablo. Llego a mi puesto justo cuando el ascensor se abre y escupe a Charlie, que lleva varios días con cara de malas pulgas.

– Hay que llevar al de la 210 a rayos- me dice dejando la tablilla sobre el puesto, en un tono que no admite réplicas.

Media hora después, cuando regreso, Charlie está felizmente repantigado, con una sonrisa de oreja.

– ¿Y esa alegría?
– El sexo, que todo lo cura.
– ¿Ha venido alguien a hacerte una mamada?
– No, mejor todavía- contesta con suficiencia- Había unos ruidos raros en la 347 y me he pasado por la 346 a mirar. Adivina quién estaba con el Guru.
– La Sacerdotisa.
Aunque no puede dejar de sonreír, me amenaza con una azotaina como si yo fuera un niño malo.
– Tsk, tsk ¿lo sabías y no me lo habías dicho?
– No sabía que tenía que informarte cada vez que ella viniera.
– Menudo polvazo han echado, colega- comenta admirativo pasando de lo que acabo de decirle-. Me he hecho un una gayola king size- remata descojonándose.

Porque Charlie no se ríe, se descojona.
Y yo soy un tonto del culo.

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