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El Guru y otras hierbas, 14

por Tímido Celador

Otra vez llueve.
Está sentado en el “rincón de pensar” que todas las habitaciones tienen: el gran alféizar de la ventana. Sobre él hay un colchón de gomaespuma, forrado en tela de alegres colores que disimulan la suciedad. También la dirección dispuso que en cada dormitorio haya varios almohadones: la mayoría de los internos abrazan alguno cuando se sientan a meditar mirando al jardín.

Por primera vez me atrevo a pensar que cualquiera desearía vivir en un lugar así.
El cuarto es grande y luminoso, las paredes están cubiertas por estanterías llenas de libros, o por cuadros, o por fotografías personales que el Guru ha ido clavando con chinchetas sin lógica aparente.

Tengo que preguntárselo. Tengo que hacerlo.
La idea lleva demasiados días rondándome la cabeza. Ya llevo aquí el suficiente tiempo como para no haberme dado cuenta de que todo el que entra en contacto con él, se aleja con una gran sonrisa y el paso cambiado.
Tengo que preguntárselo.
Aunque hoy sea una planta de invernadero añorando la lluvia que hay al otro lado del cristal que la protege.
Aunque no haya vuelto la cabeza cuando me ha oído entrar.
Aunque no haya respondido a mi saludo y haya seguido viendo llover en posición fetal, con la cabeza apoyada en las rodillas.
Tengo que saberlo.

– ¿Eres feliz?

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0 respuestas a «El Guru y otras hierbas, 14»

Pues te diría que no es extraño que no seas feliz: la impaciencia es una fuente constante de infelicidad. Las cosas suceden cuando tienen que suceder. Tú eres una lectora voraz e impaciente. Pero yo no soy una máquina. Todo llegará, no desesperes.

No me molestas. Me halaga tu impaciencia. Pero a los hombres tímidos nos dan miedo las mujeres que lo quieren todo «ya». El Guru me ha enseñado a cultivar el arte de la paciencia: yo espero y él habla cuando quiere.

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