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Las tortugas pueden volar

por Marisol Oviaño

Acabo de ver Las tortugas pueden volar de Bahman Ghobadi: En un campo de refugiados kurdos, Satélite, un niño de unos 14 años, – el único que sabe poner una antena parabólica y conoce tres palabras en inglés- es el encargado de dar trabajo y seguridad a casi todos los niños del campo: huérfanos, mutilados, enfermos… El trabajo consiste en desenterrar minas y venderlas.

Un día llega al campamento un niño de su edad que no tiene brazos- los perdió en una mina-, aunque trabaja como los demás: las extrae con la boca. Con él van su hermana, de unos doce años, y un niño pequeño, que todos creen que es el hermano menor. Pero sólo ellos dos saben que el chiquitín es hijo de la niña, fruto de la violación a manos de los soldados baazistas que mataron a sus padres. La película está ambientada en la guerra de Irak, aunque la situación de los kurdos ya era lamentable desde mucho tiempo atrás. No recomendada para gente que sólo busca entretenimiento en las películas, muy recomendable para quien guste de observar la naturaleza humana y hacerse preguntas sobre el fin de todas estas guerras modernas.

Los niños kurdos de la película, como los niños que en Latinoamérica cargan con sus hermanos pequeños y trabajan, o los que vienen en cayuco para enviar dinero a la familia, son niños sin infancia. Niños como mi abuela, que a los doce años se fue a servir a una casa lejos de su familia.

En los países pobres, los niños son hombres con diez años y las niñas, madres con trece o catorce.
En los países ricos, los hombres tienen una cosa que se llama “el síndrome de Peter Pan” y las mujeres se operan para parecer eternamente niñas.
Y veo los vídeos que Miguel ha colgado un poco más abajo de este artículo sobre Ron Paul y la política económica del actual gobierno estadounidense: fabricar más billetes, me pregunto si el país más poderoso del mundo no estará en manos de niños que creen estar jugando al Monopoly.

0 respuestas a «Las tortugas pueden volar»

Hoy César me ha tocado con su escrito la obra muerta de mi sensiblero galeón y tu… Marisol, me has me has dado de lleno en la obra viva y a pique estoy de naufragar.

Esto si que es una verdadera crisis de lo humano… por lo humano, y lo demás… puro teatro… teatral.

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