por Tímido Celador
Incapaz de tomar la más mínima iniciativa, acepté sumisamente que ella rompiera el hielo entre nosotros. Al principio la cosa parecía fluir y me atreví a adoptar el papel dominante.
Quería ser fiel a mi fantasía y follármela sin contemplaciones, sin sentimientos, sin camas. Un aquí te pillo aquí te mato rapidito, lo justo para saciar mi apetito y salir corriendo. Pero lo que funciona con las veinteañeras no funciona con las cuarentonas, o al menos no funcionó con ella. Había minusvalorado su capacidad para prolongar la fiesta y debimos estar casi dos horas, unas veces de pie, otras veces sobre la mesa, otras en el sillón.
Tan fácil y tan artificial como en las películas porno.
No conseguí dejar de pensar, no conseguí acallar la voz de mi conciencia, que me decía que todo aquello era sucio e inmoral. Cuando sujetaba sus caderas y la embestía con toda mi juventud, pensé en mi exnovia, en el amor con mayúsculas, me vi como un pobre imbécil gobernado por su polla y perdí el ritmo. Entonces deseé acabar cuanto antes, pero ella me había visto tan necesitado de placer que se puso encima de mí sobre el sofá, deseosa de agradarme.
– Dios, qué mirada – dijo mirándome con algo que se parecía mucho la lástima -. Da miedo.
– ¿Miedo?¿Por qué?
– Porque ahora mismo me odias.
Intenté demostrarle que se equivocaba y comencé a moverme bajo ella con un entusiasmo que estaba lejos de sentir, pero me detuvo. En el fondo me alegré, porque su certero comentario me había desinflado y mi demostración habría quedado reducida a un esfuerzo patético.
– Déjalo, no insistas. No te apetece.
Me besó casi maternal, se levantó y entró en su habitación a ponerse una camisola. Cuando me calé el gorro hasta las cejas, me sonrió como si yo le diera pena y me acompañó a la puerta, donde me dio un último beso que yo recibí con labios fríos.
– Ya sabes donde estoy, pero si vuelves por aquí a follar, que sea con alegría.
No he dormido en toda la noche pensando en lo que haré si tengo que volver a verla.
Si se lo contara a Charlie, me diría que soy un gilipollas.
Y tendría que darle la razón.
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0 respuestas a «El Guru y otras hierbas, 31»
¿Después de esta experiencia tan poco gratificante ¿vale la pregunta:que haré la proxima vez que la encuentre?, será que a casi todos alguna vez nos debe de haber pasado.¿x qué hacer del sexo esta tragedia?(solo apuntemos mejor).Con humor. Susana (una mujer argentina).