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Cuaderno Ziplock General

CZ. 18 de julio

por Claudio Molinari Dassatti
imagen en contexto original: https: https://www.freepik.com/

Ya es tarde y la calle está vacía. La noche es tan peligrosa que a veces hasta resulta segura. Unos ojos nos estudian por la mirilla del taller. Oímos cuchicheos, seguramente  estan discutiendo qué hacer. Nosotros somos dos mequetrefes. Yo mido uno sesenta e Ivanka parece una vedette que se cayó por un barranco. Así que al vernos se apiadan y nos abren. Nos hacen pasar y enseguida nos rodean, sujetando amenazadoramente unas tuberías de hierro a las que les han soldado unas puntas de metal. (Se parecen al piolet que le clavaron a Trotsky en el coco). Nosotros sostenemos delicadamente un papel con un dibujito. Es el plano de nuestro proyecto.

-Tenemos una idea… –empiezo yo.
-… para afilar metal sin gastar energía –me sigue Ivanka.

La tipa mira el dibujo y sonríe muy chula.

-¿Entiendes lo que te estamos mostrando? –le pregunto.
-¿Una bicicleta con otra rueda en el medio?
-Es una máquina de afilar… explica Ivanka.
-Eso… claro… exacto –finge la tipa señalando el dibujo con el piolet—. Pero ahora ya la hemos visto y podemos hacerla nosotras.
-Nosotros tenemos la piedra de desbastar –dice Ivanka—, pero vosotras tenéis la soldadora.
-¿Cómo sabéis eso?
-Olimos la quemazón una vez que perseguimos un perro por esta calle –digo yo.
-¿Lo agarraron?
-No.

En todo taller siempre hay una soladora eléctrica, y electrodos y herramientas. Eso me lo dijo Ivanka, yo no lo sabía porque en las editoriales sólo hay impresoras y grapadoras y lapiceros. Estas mujeres vivían encima de un tesoro,  AdE el taller había vendido baterías de coches. O sea que podían conectar la soldadora a las baterías y soldar metal. Aunque no tanto como para construir un transatlántico.

-Con la afiladora y podremos fabricar machetes e intercambiarlos… –les decimos.
-Y nosotras podemos abrirles el coco y comérnoslos.
-De acuerdo, pero antes escuchen a Ivanka que estará encantada de explicarles sus ideas sobre la energía.

Ivanka les ganó por aburrimiento. Ahora ellas podrán afilar maches y nosotros podremos fabricar, sin que ellas se den cuenta, nuestra máquina secreta.

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