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Cuaderno Ziplock General

CZ. 13 de julio

por Claudio Molinari Dassatti
imagen en contexto original: https://www.paxinasgalegas.es/

El pensamiento lineal de Ivanka y el asunto de la tinta me entristecieron un poco. Pero lo de las plumas me volvió a poner de buen humor. Es importante tener un proyecto. Ivanka y yo siempre tenemos alguno en mente. No siempre salen bien y no siempre los llevamos a cabo, pero es un pasatiempo sano jugar al futuro. Y tener ideas es como tener un cine en la cabeza, y muchísimo mejor que una televisión en el bolsillo. Especialmente cuando el futuro se limita a una comida y un lugar seco dónde dormir. Tener proyectos es una declaración de optimismo o algo muy parecido. O quizá no sea una declaración de nada y se trate de resabios patéticos, ecos fugaces del capitalismo. Recuerdo que AdE todo el mundo tenía un proyecto. Tener un proyecto en el siglo XXI era como creer en Dios en el siglo XII. Veamos un ejemplo:

-¿Qué haces aquí en el bar, Charo?
-Pues aquí con un proyecto.
-¿Cuál?
-Ponerme pedo. ¿Y tú?
-Drogarme.

El camarero se nos acerca sonriendo y nos saluda.

-Yo también tengo un proyecto.
-¿Cuál?
-Ponerla pedo a Charo y venderte drogas a ti.

El caso es que Ivanka y yo hemos estado pensado un proyecto nuevo –es lo que hace el hambre con nuestras mentes—pero para ello tenemos que ir a ver a la tipa del taller. Lo hemos ido posponiendo por nuestras otras actividades (atacar a humanos desprevenidos, escapar de los humanos armados). La tipa del taller y sus cinco o seis amigas viven, como el nombre sugiere, en un taller mecánico abandonado. Uno de esos locales profundos y sin luz pero con una sola entrada: una entrada es fácil de defender, difícil de atacar. Ivanka y yo golpeamos el portón y nos presentamos diciendo que teníamos un proyecto. Siempre es una buena manera de comenzar una conversación. Eso o un pitillo.

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